martes, 17 de enero de 2017

JUEGO DE LÓGICA

En el siguiente enlace (PINCHA EN LA IMAGEN) tenemos un puzzle de lógica, mueve las piezas a su posición correcta para que la historia tenga sentido y se entienda correctamente.

¡SEGURO QUE LO CONSIGUES! ¡ADELANTE!
https://98ee4b12-a-62cb3a1a-s-sites.googlegroups.com/site/juegosdelogicaflash/historieta-desordenada/Pluto-ordenar-vi%C3%B1eta-con-video.swf?attachauth=ANoY7cpGKecueCTD01oPY9kHKHPH1OBSksXiTVrXjohQX95dzwCzILTeJ8P6twJBm-gJwR2ei47Jmpo2jAwkEZq7opQ37EYKu8Yke9vFu1JRFdvKhBg_3opLA_LwoWq7aqEooQ9fhhfgiE097mVpHvjQ9dU5vb4wbvdueKPqTeF5CF8df50dKugsnHnDYt2i0r8Up1invH_ptOAGHYZiHPlVsDVxVqA3_SlAXAxVYqa3PxJkDob9hmercbdE6d3pDG5Zjv9hRlV2GC5crKFnhAVAp8cQbObfAS2IrQJzH0ajEwWF5bVSJ48%3D&attredirects=0

lunes, 5 de diciembre de 2016

DIA DE LA CONSTITUCION

Mañana día 6 se cerebra la Constitución. ¿Recuerdas qué es? ¿Cuándo se realizó? ¿Por qué es importante?

Trabaja la siguiente web para recordar y aprender:

http://www.educa.jcyl.es/zonaalumnos/es/constitucion



viernes, 2 de diciembre de 2016

VALORES CÍVICOS: Buena suerte o mala suerte

  En una aldea de China, hace muchos años, vivía un campesino junto a su único hijo. Los dos se pasaban las horas cultivando el campo sin más ayuda que la fuerza de sus manos. Se trataba de un trabajo muy duro, pero se enfrentaban a él con buen humor y nunca se quejaban de su suerte.
Un día, un magnífico caballo salvaje bajó  las montañas galopando y entró en su granja atraído por el olor a comida. Descubrió que el establo estaba repleto de heno, zanahorias y brotes de alfalfa, así que ni corto ni perezoso, se puso a comer. El joven hijo del campesino lo vio y pensó:

– ¡Qué animal tan fabuloso! ¡Podría servirnos de gran ayuda en las labores de labranza!

Sin dudarlo, corrió hacia la puerta del cercado y la cerró para que no pudiera escapar.

En pocas horas la noticia se extendió por el pueblo. Muchos vecinos se acercaron a felicitar a los granjeros por su buena fortuna ¡No se encontraba un caballo como ese todos los días!

 El alcalde, que iba en la comitiva, abrazó con afecto al viejo campesino y le susurró al oído:

– Tienes un precioso caballo que no te ha costado ni una moneda… ¡Menudo regalo de la naturaleza! ¡A eso le llamo yo tener buena suerte!

El hombre, sin inmutarse, respondió:

– ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? … ¡Quién sabe!

Los vecinos se miraron y no entendieron a qué venían esas palabras ¿Acaso no tenía claro que era un tipo afortunado? Un poco extrañados, se fueron por donde habían venido.

A la mañana siguiente, cuando el labrador y su hijo se levantaron, descubrieron que el brioso caballo ya no estaba. Había conseguido saltar la cerca y regresar a las montañas. La gente del pueblo, consternada por la noticia, acudió de nuevo a casa del granjero. Uno de ellos, habló en nombre de todos.

– Venimos a decirte que lamentamos muchísimo lo que ha sucedido. Es una pena que el caballo se haya escapado ¡Qué mala suerte!

Una vez más, el hombre respondió sin torcer el gesto y mirando al vacío.
– ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? … ¡Quién sabe!

Todos se quedaron pensativos intentando comprender qué había querido decir de nuevo con esa frase tan ambigua, pero ninguno preguntó nada por miedo a quedar mal.

Pasaron unos días y el caballo regresó, pero esta vez no venía solo sino acompañado de otros miembros de la manada entre los que había varias yeguas y un par de potrillos. Un niño que andaba por allí cerca se quedó pasmado ante el bello espectáculo y después, muy emocionado, fue a avisar a todo el mundo.

Muchísimos curiosos acudieron en tropel a casa del campesino para felicitarle, pero su actitud les defraudó; a pesar de que lo que estaba ocurriendo era algo insólito, él mantenía una calma asombrosa, como si no hubiera pasado nada. Una mujer se atrevió a levantar la voz:

– ¿Cómo es posible que estés tan tranquilo? No sólo has recuperado tu caballo, sino que ahora tienes muchos más. Podrás venderlos y hacerte rico ¡Y todo sin mover un dedo! ¡Pero qué buena suerte tienes!

Una vez más, el hombre suspiró y contestó con su tono apagado de siempre:
– ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? … ¡Quién sabe!

Desde luego, pensaban todos, su comportamiento era anormal y sólo le encontraban una explicación: o era un tipo muy raro o no estaba bien de la cabeza ¿Acaso no se daba cuenta de lo afortunado que era?
Pasaron unas cuantas jornadas y el hijo del campesino decidió que había llegado la hora de domar a los caballos. Al fin y al cabo eran animales salvajes y los compradores sólo pujarían por ellos si los entregaba completamente dóciles.

Para empezar, eligió una yegua que parecía muy mansa. Desgraciadamente, se equivocó. En cuanto se sentó sobre ella, la jaca levantó las patas delanteras y de un golpe seco le tiró al suelo. El joven gritó de dolor y notó un crujido en el hueso de su rodilla derecha.

No quedó más remedio que llamar al doctor y la noticia corrió como la pólvora. Minutos después,  decenas de cotillas se plantaron otra vez allí para enterarse bien de lo que había sucedido. El médico inmovilizó la pierna  rota del chico y comunicó al padre que tendría que permanecer un mes en reposo sin moverse de la cama.

El panadero, que había salido disparado  de su obrador sin ni siquiera quitarse el delantal manchado de harina, se adelantó unos pasos y le dijo al campesino:

– ¡Cuánto lo sentimos por tu hijo! ¡Menuda desgracia, qué mala suerte ha tenido el pobrecillo!

Cómo no, la respuesta fue clara:

– ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? … ¡Quién sabe!

Los vecinos ya no sabían qué pensar ¡Qué hombre tan extraño!
El chico estuvo convaleciente en la cama muchos días y sin poder hacer nada más que  mirar por la ventana y leer algún que otro libro. Se sentía más aburrido que un pingüino en el desierto pero si quería curarse, tenía que acatar los consejos del doctor.

Una tarde que estaba medio dormido dejando pasar las horas, entró por sorpresa el ejército en el pueblo. Había estallado la guerra  en el país y necesitaban reclutar muchachos  mayores de dieciocho años para ir a luchar contra los enemigos.  Un grupo de soldados se dedicó a ir casa por casa y como era de esperar, también llamaron a la del campesino.

– Usted tiene un hijo de veinte años y tiene la obligación de unirse a las tropas ¡Estamos en guerra y debe luchar como un hombre valiente  al servicio de la nación!

El anciano les invitó a pasar y les condujo a la habitación donde estaba el enfermo. Los soldados, al ver que el chico tenía el cuerpo lleno de magulladuras y la pierna vendada hasta la cintura, se dieron cuenta de que estaba incapacitado para ir a la guerra; a regañadientes, escribieron un informe que le libraba de prestar el servicio  y continuaron su camino.
Muchos vecinos se acercaron, una vez más, a casa del granjero. Uno de ellos, exclamó:

– Estamos destrozados porque nuestros hijos han tenido que alistarse al ejército y van camino de la guerra. Quizá jamás les volvamos a ver,  pero en cambio, tu hijo se ha salvado ¡Qué buena suerte tenéis!
¿Sabes qué respondió el granjero?…

– ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? … ¡Quién sabe!

Como has podido comprobar, este cuento nos enseña que nunca se sabe lo que la vida nos depara. A veces nos pasan cosas que parecen buenas pero que al final se complican y nos causan problemas. En cambio, en otras ocasiones, nos suceden cosas desagradables  que tienen un final feliz y mucho mejor del que esperábamos.

Por eso: ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? … ¡Quién sabe!

Por Cristina Rodríguez Lomba
Encontrado en www.mundoprimaria.com

lunes, 28 de noviembre de 2016

VALORES CÍVICOS: LOS DOS ESCARABAJOS




Había una vez dos escarabajos que vivían en una isla y eran muy amigos. El problema era que la isla era demasiado pequeña y les resultaba muy difícil encontrar comida. El único alimento que podían llevarse al a boca eran los excrementos de un toro que solía pastar cerca de su hogar, pero aun así no era suficiente y siempre se quedaban con hambre.

Una mañana, uno de los escarabajos tuvo una gran idea.
– Amigo mío, no podemos seguir en esta situación. Me estoy planteando seriamente abandonar la isla para ir a tierra firme en busca de comida.

– ¡Uy, eso es muy arriesgado! Tendrás que volar sobre el mar y podrías morir en el intento ¿Crees que merece la pena que pongas en juego tu vida?

– Sí, será un viaje complicado pero debo intentarlo. Tú te quedarás aquí y podrás comerte todos los excrementos del toro mientras yo investigo la zona ¡Te prometo que si encuentro mucha comida volveré cargado para que tú también te des un buen festín!

– Está bien, pero ten mucho cuidado y no tardes en regresar ¡Te esperaré impaciente!

Se dieron un abrazo y el valiente escarabajo emprendió el vuelo. Aunque sus dobles alas eran muy pequeñas tuvo la suerte de tener el viento a favor y tardó menos de lo previsto en llegar al continente.
En cuanto puso las patitas en tierra se sintió en el paraíso. Había decenas de toros  pastando bajo el sol y por tanto, cientos de boñigas, grandes, frescas y de lo más apetecibles por todas partes.

– ¡Caray, cuánta comida! ¡Con todo esto se podría alimentar a un regimiento!

Empezó a zampar como si no hubiera un mañana y cuando estaba a punto de reventar, se dejó caer sobre la hierba fresca con la panza hacia arriba.

– ¡Este sitio es maravilloso! Es mucho más grande que el islote y hay comida para hartarse ¡Yo no me voy de aquí ni de broma!

Recorrió la zona y eligió un lugar seguro para construir su nueva casita. Estaba entusiasmado y absolutamente feliz de poder disfrutar de la nueva y fantástica oportunidad que le ofrecía la vida. Tan bien se sentía que ni se acordó de que su buen amigo le esperaba en el islote.

Durante mucho tiempo gozó de largas siestas en el campo, del olor de las flores y de tremendas comilonas a base de boñigas. Fueron transcurriendo los días, las semanas, los meses, y llegó el aburrido invierno. El frío y la lluvia le produjeron una gran nostalgia y de repente, se acordó  de su viejo amigo.

– ¿Qué estará haciendo? Hace tanto que no le veo… ¡Creo va siendo hora de que le haga una visita!
Eran los primeros días de la primavera cuando el escarabajo emprendió el regreso.  Tras varias horas surcando el aire casi a ras de mar, aterrizó en la isla y se fue en busca de su compañero de fatigas. Enseguida lo encontró, bastante más flaco de lo normal, rastreando el terreno en busca de algo para almorzar.

– ¡Hola amigo mío, ya estoy de vuelta!

Al escuchar una voz que le resultó familiar, el escarabajo de la isla se giró y puso cara de asombro ¡Su amigo parecía un buda de lo gordo y saludable que estaba!
Lo primero que pensó es que sin duda  las cosas le habían ido de maravilla y por supuesto se  alegró por él,  pero en lo más hondo de su corazón estaba muy dolido y le habló con voz apesadumbrada.

– ¡Vaya, por fin has regresado! Veo que tu viaje ha sido un éxito pero…

– ¿Pero qué?

– Pues que acordamos en que yo me quedaría aquí aguardando a que tú trajeras comida para los dos y llevo medio año solito esperándote como un tonto ¡Has preferido quedarte en tierras lejanas viviendo como un rey a mi amistad!

El escarabajo viajero se había comportado mal y había faltado a su palabra. Para justificarse dijo lo primero que se le ocurrió:

– ¡La culpa no es mía! Allí había mucha comida y toda buenísima, pero no tenía manera de traértela ¿Cómo podría venir yo tan cargado?

El escarabajo de la isla se puso aún más triste porque se dio cuenta de que su amigo no era un amigo de verdad.

– Es cierto que volar con un montón de alimentos a la espalda es complicado, pero al menos podías haberme traído un poco para probar. Además, si fueras un buen amigo, no habrías tardado tantos meses en volver a mi lado. Claramente ¡me dejaste tirado!

Y sin decir nada más, se alejó dejando sin palabras a su orondo compañero.

La historia no nos cuenta si el escarabajo viajero regresó al continente y tampoco si el otro escarabajo se animó a cruzar el mar en busca de una vida mejor. Lo que sí es seguro es que a partir de ese día su amistad se rompió, cada uno se fue por su lado y nunca más volvieron a encontrarse.

Moraleja: Un buen amigo te apoyará  en los buenos y en los malos momentos. Si en una época difícil para ti no te ofrece su compañía y su cariño, quizá no sea un amigo de verdad.

 Los dos escarabajos (c) CRISTINA RODRÍGUEZ LOMBA     Encontrado en www.mundoprimaria.com

viernes, 25 de noviembre de 2016

Resumen la maravillosa medicina de Jorge 170 hasta el final

Hacen una medicina número 4 pero esa encoge a los animales. La abuela se cree que es té y se lo bebe. Entonces encoge, encoge  y desaparece. El padre de Jorge se alegra.  La madre de Jorge se enfada pero luego se da cuenta de que las cosas pasan por algo y que están mejor así.





                                                     fin



   Por I

martes, 22 de noviembre de 2016

MIS CALORÍAS DIARIAS. LAS CALORÍAS DE LOS ALIMENTOS

Saludos alumnos/as, vamos a aprender el número de calorías diarias que tiene que tener nuestra dieta para que sea sana y el número de calorías que tiene cada alimento que nos tomamos.


Para ello vamos a utilizar las siguientes páginas web.

PRIMERA:
En ella vamos a ver en una tabla las calorías por día que tiene que tomar cada persona según su edad.
https://www.pfizer.es/salud/prevencion_habitos_saludables/dietas_nutricion/requerimientos_diarios_calorias_rda.html#

SEGUNDA:
http://www.legourmett.cl/tabla-de-calorias-de-alimentos.html

http://www.portalfitness.com/nutricion/tabla_calorias_b.htm#

PREGUNTAS:
1.- ¿Cuántas kilocalorías diarias tengo que tomar para que mi dieta sea sana?
2.- ¿Y mi madre?
3.- ¿Y mi padre?
4.- ¿Y mis abuelos?
5.- ¿Y una mujer embarazada que esté de nueve meses? (Un trimestre son tres meses?

 Cuántas kilocalorías (kcal) tomo....
6.-  ¿Si me como una tostada de 100 gramos de pan de trigo blanco y 100 gramos de atún?

7.- ¿Si tomo 100 gramos de cereales con chocolate? ¿Y si tomo 200 gramos?

8.- ¿Si tomo 10 galletas de chocolate (200 gramos)?

9.- ¿Qué alimento tiene más kilocalorías 100 gramos de queso de Burgos o 100 gramos de queso cheddar?

10.- Calcula las kilocalorías de este desayuno:
     200 gramos de pan de trigo integral
     50 gramos de tomate
     100 gramos de jamón cocido
      50 gramos de batido lácteo de chocolate.


jueves, 17 de noviembre de 2016

VALORES CÍVICOS: EL CIERVO, EL MANANTIAL Y EL LEÓN


Érase una vez un joven ciervo que vivía plácidamente en lo más profundo de un frondoso bosque. La historia cuenta que una tarde de muchísimo calor, comió unos cuantos brotes tiernos que había en un arbusto y después salió a dar un paseo.

El sol achicharraba sin compasión y de pronto se sintió agobiado por la sed. Olfateó un poco el aire para localizar el manantial más cercano y se fue hasta él caminando despacito. Una vez allí, bebió agua fresca a grandes sorbos.

–          ¡Qué delicia! ¡No hay nada mejor que meter el hocico en el agüita fría los días de verano!

Cuanto terminó de refrescarse cayó en la cuenta de que el agua transparente del manantial le devolvía su propia imagen. Por lo general solía beber en pequeños charcos no demasiado limpios, así que nunca había tenido la oportunidad de contemplar su figura con claridad.
¡La sensación de verse reflejado en ese gran espejo le encantó! Se miró detenidamente desde todos los ángulos posibles y sonrió con satisfacción. Como la mayoría de los venados, era un animal muy hermoso, de suave pelaje pardo y cuello estilizado.

– ¡La verdad es que soy bastante más guapo de lo que pensaba!  ¡Y qué astas tan increíbles tengo! Sin duda es la cornamenta más bella que hay por los alrededores.

El ciervo, presumido, observó su cabeza durante buen rato; después, se inclinó un poco y posó la mirada sobre el reflejo de sus patas, debiluchas y finas como cuatro juncos sobre un arroyo.  Un tanto decepcionado, suspiró:

– Con lo grande y poderosa que es mi cornamenta ¿cómo es posible que mis zancas sean tan escuálidas? Parece que se van a romper de un momento a otro de lo largas y delgadas que son ¡Ay, si pudiera cambiarlas por las gordas y robustas patas de un león!

Estaba tan fascinado mirando su cuerpo que no se dio cuenta de que un león le vigilaba  escondido entre la maleza hasta que un espantoso rugido retumbó a sus espaldas. Sin echar la vista atrás, echó a correr hacia la llanura como alma que lleva el diablo.

Gracias a que dominaba a la perfección la carrera en campo abierto y a que sus patas eran largas y ágiles, consiguió sacar una gran ventaja al felino. Cuando estuvo lo suficientemente lejos, se metió de nuevo en el bosque a toda velocidad.

¡Qué gran error cometió el cérvido! La que parecía una zona segura se convirtió en una gran trampa para él ¿Sabes por qué? Pues porque sin darse cuenta pasó bajo una arboleda muy densa  y su enorme cornamenta se quedó prendida en las ramas más bajas.

Angustiado, comenzó a moverse como un loco para poder desengancharse. Su intuición le decía que el león no andaba muy lejos y su desesperación fue yendo en aumento.

– ¡Oh, no puede ser! ¡O consigo soltarme o no tengo salvación!

No se equivocaba en absoluto: por su derecha, el león se aproximaba sin contemplaciones. Pensó que tenía una única oportunidad y tenía que aprovecharla.

– ¡Ahora o nunca!

Aspiró profundamente e hizo un movimiento fuerte y seco con la cabeza. Podía haberse roto el cuello del tirón, pero por suerte, el plan funcionó: las ramas se partieron y quedó libre.

– ¡Lo conseguí! ¡Lo conseguí! ¡Ahora tengo que largarme de este bosque como sea!

Corrió de nuevo  hacia la llanura, donde no había árboles, y esta vez sí se perdió en la lejanía. Cuando el león salió del bosque y apareció en el claro, el único rastro que quedaba del ciervo era el polvo blanquecino  levantado durante la huida. El león gruñó y regresó junto a la manada;

Mientras, el ciervo, muy lejos de allí, se sentía muy feliz ¡Se había salvado por los pelos! Jadeando y muerto de sed, buscó otro manantial de aguas frescas y lo encontró. Cuando terminó de beber, se quedó mirando su cara y su cuerpo, pero ahora, después de lo sucedido, su pensamiento era muy diferente.

– ¡Qué equivocado estaba! Me quejaba de mis patas larguiruchas y flacas pero gracias a ellas pude salvar el pellejo; en cambio, mi preciosa cornamenta, de la que tan orgulloso me sentía, casi me lleva a la muerte.

Entonces, con humildad, admitió algo que jamás había tenido en cuenta.

– Hoy he aprendido una gran lección: en la vida, muchas veces, valoramos las cosas menos importantes.  A partir de hoy, no me dejaré engañar por las apariencias.

Moraleja: A veces entregamos nuestro corazón a personas que nos deslumbran pero que a la hora de la verdad no son tan geniales y nos fallan; al contrario, sucede que a veces ignoramos a otras que pasan más desapercibidas pero que son fantásticas y merece la pena conocer.
En la vida hay que evitar caer en la trampa de valorar a las cosas o a las personas por el aspecto, ya que como has visto en este cuento, las apariencias pueden engañar.
 CRISTINA RODRÍGUEZ LOMBA
http://www.mundoprimaria.com/fabulas-para-ninos/ciervo-manantial-leon/